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Nota · 2 min · Arturo Ordóñez

Qué debería entenderse en la primera pantalla

La primera pantalla tiene espacio limitado. El tamaño de cada elemento debería ayudar a reconocer la oferta y decidir si interesa seguir leyendo.

El mar y el cielo se encuentran en un horizonte azul.

Un título grande puede ocupar la mayor parte de una pantalla y seguir dejando una pregunta pendiente: ¿qué ofrece esta persona? Para revisar una portada, conviene leer primero su texto sin imágenes. Debería permitir reconocer el servicio, a quién se dirige y cómo iniciar el contacto.

Después se puede volver a la composición. La fotografía y el titular compiten por atención; el espacio que reciben expresa una prioridad. En una web personal, un retrato pequeño junto a una gran imagen de stock puede dar más peso a una atmósfera que a la persona. Ese reparto merece una decisión consciente.

Tres preguntas ayudan a examinarlo:

  • ¿Qué información desaparece si quitamos el elemento más grande?
  • ¿El título podría acompañar cualquier otro servicio sin cambiar?
  • ¿Se reconoce la acción principal antes de empezar a desplazarse?

La revisión también debe hacerse en móvil. Un encabezado que ocupa dos líneas en escritorio puede necesitar cuatro; los filtros y las etiquetas pueden desplazar el contenido. Reducir únicamente el tamaño de letra no siempre resuelve el orden de lectura.

Estas preguntas no dictan una única composición. Permiten explicar por qué un elemento ocupa ese lugar y qué debería comprender alguien al verlo. Si el titular ya presenta el servicio, una imagen puede abrir una segunda lectura. Si todavía falta esa información, es preferible resolverla antes de añadir otra frase de presentación.