Nota · 2 min · Arturo Ordóñez
Qué conviene entregar junto a una web
La entrega necesita explicar cómo cambiar la web y quién se ocupa de cada parte. Ese acuerdo evita que una actualización pequeña empiece con una búsqueda de accesos.

Una web publicada sigue dependiendo de contenido, cuentas y servicios. La entrega debería permitir identificar esas piezas y saber quién puede modificarlas. Reunir esa información durante el proyecto evita reconstruirla cuando llega la primera actualización.
Un mapa de mantenimiento
El mapa puede ser breve, siempre que responda a las tareas habituales:
- Contenido: dónde se editan textos e imágenes y cómo se revisan antes de publicar.
- Accesos: qué cuentas intervienen, quién las administra y cómo se solicita un cambio. Las contraseñas deben gestionarse por el medio acordado, no exponerse en documentación pública.
- Proveedores: qué servicio aloja la web y cuáles reciben formularios o sirven archivos.
- Recuperación: cómo localizar una versión anterior y qué comprobaciones requiere volver a ella.
También debe quedar claro qué trabajos están incluidos después de la entrega y cuáles requieren un acuerdo adicional. Una instrucción de edición no sustituye un compromiso de soporte.
Elegir qué revisar y cuándo
Una dirección de contacto merece comprobarse cuando cambia. Una afirmación técnica necesita atención si su fuente se actualiza. Un formulario requiere verificar que su destino y su funcionamiento siguen siendo los previstos. Cada elemento tiene una razón distinta para revisarse.
Ese reparto permite concentrar el tiempo en los cambios que afectan a la web. La persona responsable puede consultar el mapa, identificar qué parte necesita atención y reconocer cuándo debe pedir ayuda. El mantenimiento empieza con esa capacidad de orientarse, además de con las herramientas para editar.